Un proyecto fotográfico puede empezar antes de hacer la primera foto, con una idea de lo que queremos contar y de los lugares donde vamos a buscarlo. También puede tomar forma más tarde, al repasar el archivo, cuando nos damos cuenta de que muchas fotos hechas en salidas distintas comparten una misma manera de mirar. Es lo que puede ocurrirle a alguien que lleva años fotografiando la vida cotidiana de los barrios populares de su ciudad sin haberse propuesto nunca una serie. El día que reúne esas fotos, puede encontrarse con que ya tiene un tema. Mary Ellen Mark entró en el pabellón psiquiátrico que dio lugar a Ward 81 con el trabajo planteado de antemano. Sergio Larraín, Francesc Català-Roca y Daido Moriyama, en cambio, dieron forma a fotos que habían ido acumulando durante años.

Cuando el proyecto existe antes de la primera foto
Treinta y seis días en Salem
En 1976, Mary Ellen Mark volvió al Oregon State Hospital, en Salem. Había estado allí un año antes como fotógrafa de rodaje de Alguien voló sobre el nido del cuco, que se filmó en el mismo hospital. Fue entonces cuando conoció a las mujeres del pabellón 81. Esta vez llegó acompañada de la terapeuta Karen Folger Jacobs, con la que pasó treinta y seis días dentro del pabellón. Mientras Jacobs entrevistaba a las pacientes, Mark hacía fotos. Por la noche dormían en un pabellón vacío que había justo al lado.
Plantear un proyecto antes de salir obliga a resolver cosas muy prácticas, como el lugar donde vamos a fotografiar o los permisos que vamos a necesitar. Si el tema es la vida cotidiana de un barrio popular, eso supone volver muchas veces al mismo mercado y a los mismos bares, a horas diferentes, hasta que la gente deja de fijarse en la cámara. Para eso ayuda bastante llevar una cámara pequeña que no dé pereza meter en la mochila, algo de lo que ya hablé en Qué equipo necesitas realmente para fotografía de calle.
Volver a Tiny
En 1983, la revista Life mandó a Mark a Seattle a fotografiar a chavales que vivían en la calle. Aquel encargo acabaría convertido en el libro Streetwise y en un documental con el mismo título, dirigido por su marido, Martin Bell. Una de aquellas chavalas era Erin Blackwell, a la que llamaban Tiny, que con trece años ya se prostituía. Mark siguió visitándola y fotografiándola durante más de tres décadas, hasta publicar en 2015 Tiny: Streetwise Revisited. En sus páginas la vemos convertida en una mujer de mediana edad, madre de diez hijos.
Cuando un proyecto se centra en personas, volver a verlas forma parte del trabajo. En la calle, a otra escala, pasa con el quiosquero de la esquina o con la vecina que saca al perro siempre a la misma hora. Enseñarles la foto en la pantalla, o llevarles otro día una copia impresa, puede cambiar bastante su actitud. Como mínimo, la próxima vez que nos vean llegar con la cámara, dejaremos de ser ese tipo raro que le hace fotos al perro.

Encontrar la serie en el archivo
Valparaíso, treinta años después
Sergio Larraín había empezado a fotografiar Valparaíso en los años cincuenta, antes de que Henri Cartier-Bresson le invitara a entrar en Magnum en 1959. Parecía que iba a hacer carrera como fotoperiodista de agencia, pero a mediados de los sesenta empieza a alejarse de la fotografía. Le interesan más la meditación y las filosofías orientales. En 1969 se marcha a Arica para seguir las enseñanzas de Óscar Ichazo. Unos años después se retira a Ovalle, donde pasará el resto de su vida pintando y practicando yoga.
Con ese panorama, lo lógico habría sido que las fotos de Valparaíso se quedaran en un cajón. Sin embargo, en 1991 se publica Valparaíso, un libro con las escaleras y los cerros del puerto que Larraín había fotografiado unos treinta años antes.
Viendo lo que tardó Larraín, abrir de vez en cuando las carpetas de hace unos años no parece tan mala idea. Puede que alguna foto que en su día descartamos encaje ahora con otras más recientes. También puede que descubramos que llevamos años volviendo al mismo sitio casi sin querer.

Los encargos de Català-Roca
Francesc Català-Roca, que había aprendido el oficio con su padre, Pere Català Pic, se estableció por su cuenta en Barcelona en 1948. Durante los años cincuenta y sesenta trabajó mucho para arquitectos. Uno de sus clientes más fieles fue José Antonio Coderch, cuyos edificios iba fotografiando a medida que se terminaban.
Cada encargo se resolvía por separado, con su cliente y su fecha de entrega. Visto hoy en conjunto, ese trabajo permite seguir cómo fue cambiando la arquitectura de Barcelona a lo largo del siglo XX. El Colegio de Arquitectos de Cataluña conserva más de 200.000 negativos suyos.
Con nuestro propio archivo puede pasar algo parecido si dejamos de ordenarlo solo por fechas. Las carpetas con el nombre de cada salida pueden esconder fotos del mismo tipo de sitio o de la misma clase de escena. Agruparlas por temas, por ejemplo todas las de mercados o todas las de bares de barrio, ayuda a ver si hay algo que se repite.

Moriyama y los negativos dañados
Daido Moriyama se incorporó en 1969 a Provoke, una revista fundada a finales de 1968 por un pequeño grupo de fotógrafos y escritores entre los que estaba Takuma Nakahira. Solo salieron tres números. Fueron suficientes, eso sí, para que se hablara de una forma de fotografiar conocida como are, bure, boke, algo así como granulada, movida y desenfocada, muy alejada de la fotografía limpia y bien compuesta de la época.
En 1972 publicó Farewell Photography, que incluía una conversación con Nakahira. Según recoge la editorial Phaidon, Moriyama entregó al editor un lote de negativos dañados para que los imprimiera como le pareciera. Él mismo reconocería después que el libro resultaba incomprensible para todos y que eso era lo que pretendía.
Lo de Moriyama es un caso extremo, pero sirve para pensar en el estilo de una serie hecha con fotos que ya teníamos. Si las imágenes de distintas salidas comparten el mismo tratamiento y la misma forma de acercarse a la gente, es más fácil que funcionen juntas aunque se hicieran en barrios y años diferentes. Las que no encajan pueden seguir siendo buenas fotos, solo que pertenecen a otra serie.

Cuándo dar por terminada una serie
Larraín publicó Valparaíso cuando ya se dedicaba a otra cosa, mientras que Mark estuvo más de treinta años volviendo a fotografiar a Tiny. Con esos plazos, saber cuándo cerrar una serie propia no es sencillo.
Una manera de comprobar cómo va es sentarse, de vez en cuando, a editar todo el material como si hubiera que mandarlo a la imprenta al día siguiente. Casi siempre aparecerán huecos, como una foto que falta para unir dos partes o demasiadas imágenes parecidas seguidas. Esos huecos sirven también para orientar las siguientes salidas, con lo que una serie que nació en el archivo acaba completándose como un proyecto planificado. Si después de varias revisiones ya no aparecen, puede que la serie esté más terminada de lo que pensábamos.
¿Tienes alguna serie planteada desde el principio, o has encontrado alguna revisando tus propias fotos?
Fuentes
La información sobre Mary Ellen Mark procede de la nota de prensa de la exposición Ward 81 en la Bulger Gallery y de la ficha de la misma exposición en The Image Centre de Toronto, además de la presentación que hace Aperture de Tiny: Streetwise Revisited. Los libros de los que se habla son Ward 81 (Simon & Schuster, 1979) y Tiny: Streetwise Revisited (Aperture, 2015). Para Sergio Larraín he seguido el dossier de prensa de la exposición Vagabondages, que la Fondation Henri Cartier-Bresson dedicó al fotógrafo chileno en 2013. Lo relativo a Francesc Català-Roca y su trabajo para José Antonio Coderch se apoya en la información del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya sobre la exposición Català-Roca. Arquitectura (2014). Sobre Daido Moriyama, la referencia es el artículo de Phaidon «When Daido Moriyama tried to destroy photography» (2012), junto a la reedición de Farewell Photography publicada por bookshop M y Getsuyosha en 2019, que incluye la conversación con Takuma Nakahira.
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