Vivian Maier: crear sin audiencia y lo que eso significa hoy para un creador

Imagen ilustrativa del artículo sobre Vivian Maier y un trabajo fotográfico al margen de la audiencia.

Opinión · Fotografía de calle · raulgorta.com

Durante más de cincuenta años, Vivian Maier recorrió las calles de Chicago y Nueva York con una Rolleiflex colgada al cuello. Fotografió a diario en barrios de clase trabajadora, en mercados, en viajes largos por Asia y Oriente Medio. Nunca expuso nada ni le enseñó el trabajo a prácticamente nadie. Cuando murió en 2009, dejó más de cien mil negativos, una parte importante de ellos sin revelar, guardados en cajas en un almacén. Su historia llegó a conocerse casi por accidente. Lo que su archivo permite preguntarse es qué le pasa a un proyecto fotográfico cuando se desarrolla durante décadas completamente al margen de cualquier audiencia.


Quién era Vivian Maier

Maier nació en Nueva York en 1926. Su padre se fue cuando ella tenía cuatro años. Su madre, Maria Jaussaud, era francesa; su padre, Charles Maier, austriaco. Pasó parte de la infancia entre Nueva York y Saint-Bonnet-en-Champsaur, un pueblo del sudeste de Francia, cerca de Jeanne Bertrand, fotógrafa con vínculos en los círculos surrealistas de París. Hasta donde se sabe, fue en ese entorno donde tuvo sus primeros contactos con la cámara.

En 1951 volvió a Nueva York para trabajar como niñera y al año siguiente compró su primera Rolleiflex. En 1956 se instaló en Chicago. Trabajó para distintas familias durante décadas; la más conocida, los Gensburg, con quienes estuvo diecisiete años. Llevaba la Rolleiflex prácticamente a diario y fotografiaba en los barrios del norte de Chicago y en los mercados del South Side, además de en los viajes que hacía aprovechando sus periodos libres. En 1959 hizo un largo recorrido por Asia y Oriente Medio que incluyó Yemen, Tailandia y Vietnam.

Imagen ilustrativa del artículo sobre Vivian Maier y un trabajo fotográfico al margen de la audiencia.
Vivian Maier construyó toda su obra fotográfica durante décadas sin influencia de una audiencia externa.

La Rolleiflex y lo que cambia fotografiar desde la cadera

La Rolleiflex tiene visor cenital y formato cuadrado. Se sostiene a la altura del pecho y se mira hacia abajo en lugar de llevarse al ojo. Con una cámara de paso universal al ojo, el fotógrafo adelanta su intención y el sujeto puede ver exactamente cuándo está siendo fotografiado. Con la Rolleiflex disparando desde la cadera se puede estar parado frente a alguien sin que resulte obvio. Muchas de las fotos de Maier tienen esa proximidad al sujeto, casi sin distancia entre la cámara y la persona, que cuesta conseguir de otra manera.

Un archivo sin destino aparente

Revelaba parte del material en el baño de las casas donde trabajaba. El resto lo fue acumulando sin revelar durante años, rollos guardados en cajas junto con miles de negativos ya revelados que nunca llegó a copiar, primero en su habitación y después en un almacén cuyas cuotas dejó de pagar antes de morir. Lo que no está claro es si guardar todo ese material era una especie de aplazamiento indefinido o si simplemente nunca encontró el momento ni los medios para ocuparse de ello.

Además de las fotografías, grabó más de cien rollos de película de 8mm, material que hoy sigue en gran parte sin catalogar, y tenía una colección de miles de recortes de prensa guardados con el mismo cuidado que los negativos. La imagen que da todo esto es la de alguien bastante más extraño que el simple talento oculto, alguien que acumulaba material visual y documental durante décadas sin ninguna intención aparente de mostrarlo ni de organizarlo.

Murió en 2009 en Chicago, después de una caída. Tenía ochenta y tres años. La familia Gensburg la había localizado hacía poco viviendo en condiciones precarias y la había ayudado a instalarse en un apartamento.

Autorretrato tomado por Vivian Maier durante una de sus salidas fotográficas.
Autorretrato de Vivian Maier en que además de revelar su aspecto, podemos ver la Rolleiflex con la que realizaba sus fotografías . Vivian Maier © Maloof Collection, Ltd.

Cómo llegó el archivo a existir

John Maloof tenía veintiocho años cuando en 2007 compró una caja de negativos en una subasta por unos 380 dólares. Buscaba material gráfico para un libro sobre la historia del barrio de Portage Park. La casa de subastas había adquirido las pertenencias de Maier del almacén tras el impago de las cuotas. Maloof descartó los negativos para su proyecto inicial, empezó a revelar algunos con idea de revenderlos y fue el crítico e historiador Allan Sekula quien lo alertó de lo que tenía entre manos.

Maloof compró el grueso del archivo disponible, identificó a Maier y empezó a publicar imágenes online en 2009, el mismo año en que ella murió. Codirigió con Charlie Siskel el documental Finding Vivian Maier (2013), que intenta reconstruir quién era esa mujer y por qué fotografió durante más de cincuenta años sin enseñar el trabajo a nadie.

La pregunta sobre la edición póstuma

Desde el estreno del documental, algunos críticos han señalado algo que el film tampoco resuelve, y es hasta qué punto la «Vivian Maier» que el mundo conoce es Maier o la lectura que Maloof hizo de su archivo. Cualquier edición póstuma de una obra nunca seleccionada por su autor implica decisiones sobre qué revelar de lo que no estaba revelado, qué ampliar, qué imprimir y qué archivar. Maier no eligió nada de eso. El corpus que hoy se estudia y se expone es una selección entre cientos de miles de negativos, tomada por alguien que no tenía acceso a su criterio. Eso añade una capa de incertidumbre sobre qué estamos viendo exactamente.

La situación legal fue también compleja. Maier murió sin herederos conocidos, lo que llevó a que la gestión de su herencia quedara en manos de los tribunales de Illinois. Parte del archivo había sido adquirida por otros compradores además de Maloof en las subastas sucesivas, lo que fragmentó la obra entre distintos propietarios y complicó durante años cualquier proyecto de catalogación sistemática.

Fotografía en color y en formato de 35mm recogida en monográfico sobre Vivian Maier, "The  Color Work"
Pese a que identificamos a Maier con fotografías en blanco y negro y de formato medio característico de la RolleiFlex, en su etapa Neoyorkina cambió al color y al formato de 35mm, un trabajo re en el libro monográfico «The Color Work» © Archivo Vivian Maier. Cortesía de Mallof Collection y Howard Greenberg Gallery, New York.

Qué pasa cuando nadie interfiere en el proceso

Décadas de práctica sin que nadie le pidiera que ajustara el estilo o probara otro formato produjeron un corpus con una coherencia visual muy reconocible. Su tendencia era pasar lo más desapercibida posible, algo para lo que la Rolleiflex resultaba especialmente útil. Los autorretratos en reflejos de escaparates y espejos aparecen con demasiada frecuencia en el archivo para ser un ejercicio ocasional; la manera de usar la geometría y las sombras de la ciudad como parte del encuadre tampoco parece accidental.

Contemporáneos suyos como Diane Arbus o Lee Friedlander trabajaban en el mismo territorio y exponían, lo que significa que recibían críticas que con el tiempo fueron dejando huella en su trabajo. Maier estuvo al margen de eso durante décadas. Que el trabajo tenga la coherencia que tiene, con un punto de vista que resulta difícil de confundir con el de cualquier otro fotógrafo de su época, tiene algo que ver con ese aislamiento.

Aunque conviene no romantizarlo. El aislamiento de Maier era parte de una personalidad muy particular en la que el secretismo afectaba a más cosas que la fotografía. El trabajo lo acusa de todas formas.


Salir sin saber dónde va a acabar la imagen

Cuando salgo a fotografiar por Bilbao, no tengo en la cabeza qué red social va a acabar viendo la foto ni qué tipo de encuadre genera más guardados esta semana. A veces es parte de un proyecto largo que voy construyendo sin fecha; otras veces simplemente quería salir con la cámara. Lo que no suele entrar en esa ecuación es el algoritmo.

Hoy cualquier fotógrafo que publica sabe cuántas personas han visto cada imagen, a qué hora funciona mejor una publicación o qué edición genera más interacción. Poder cuantificar la recepción casi en tiempo real empuja a tomar decisiones creativas en función de lo que va a funcionar antes de haberlo hecho, a seguir el viraje de temporada en Instagram o el flash directo que llevan dos años haciendo todos, porque es lo que genera movimiento.

Que mi trabajo llegue a un público muy limitado no cambia mucho cómo edito. Prefiero tonos acordes con la luz que había antes que perseguir el viraje de moda. Cuando he intentado lo contrario, el resultado se notaba raro, como si las fotos fueran de una cuenta que no es la mía.

El archivo de Maier pertenece más a la rareza biográfica que a un método deliberado y su trabajo lo refleja de manera muy explícita. Cuando alguien fotografía durante décadas sin que la audiencia forme parte del proceso, las imágenes acaban teniendo un punto de vista muy propio. El de Maier lo tiene y es lo que hace difícil confundirlo con el de cualquier otro fotógrafo de su época.


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