Cómo usar la IA sin que tu contenido parezca ajeno

Imagen ilustrativa del artículo sobre como utilizar la iA sin perder tu voz personal

raulgorta.com · Análisis · IA y herramientas · Agosto 2026

Cualquiera que use Claude, ChatGPT o herramientas parecidas para escribir tiene que decidir, tarde o temprano, dónde traza la línea entre ayudarse de la IA y dejar que sea ella quien escriba. Google distingue cada vez mejor qué parte de un texto viene de la experiencia de quien lo firma y qué parte podría haberla escrito cualquiera. Este artículo repasa en qué partes del proceso ayuda la IA y dónde empieza a notarse su mano.

Agencias de noticias como Associated Press llevan años usando IA para redactar informes financieros y resúmenes deportivos. Funciona bien porque ese tipo de texto parte de datos estructurados y sigue patrones predecibles. Cuando el mismo enfoque se traslada a un artículo que depende del criterio de quien lo firma, se nota enseguida esa estructura artificial y repetitiva.

Imagen ilustrativa del artículo sobre como utilizar la iA sin perder tu voz personal
LA IA puede ser útil para crear todo tipo de contenidos pero puede hacer que perdarmos nuestra voz proopia si no la empleamos correctamente.

Dónde ayuda la IA

Preparar la estructura de un artículo o generar un primer borrador sobre el que trabajar son tareas que una herramienta como Claude o ChatGPT resuelve con bastante eficiencia. También ayuda en la revisión técnica de posicionamiento, ajustando la densidad de palabras clave o probando variantes de título en cuestión de segundos. En ese terreno el tiempo que ahorran es evidente.


Repartir el trabajo

Que la IA pueda escribir parte de un texto, no significa que debamos confiarle todo el trabajo. El orden en que se reparten las tareas marca la diferencia entre un artículo con voz propia y uno que podría firmar cualquiera.

Reúne tus propios datos antes de pedirle nada a la IA. Antes de escribir el primer prompt, junta lo que ya tienes, como capturas de tus métricas, notas de campo o fotos de una sesión reciente. Si escribes sobre fotografía de calle, repasa tu carrete de las últimas semanas y anota en qué franja horaria sueles salir y con qué luz te han salido mejor las fotos. En marketing de contenidos, mira qué publicaciones tuyas han funcionado mejor este mes y qué preguntas repiten tus clientes en las llamadas.

Decide tu postura antes de generar el borrador. Pregúntate con qué vas a estar en desacuerdo en este artículo, antes de que la IA escriba una sola frase. Un borrador que parte de un resumen neutro tiende a quedarse neutro, por mucho que lo revises después.

Escribe tú el primer párrafo. Aunque trabajes el resto del artículo con ayuda de una herramienta, redactar la entrada con tus propias palabras fija el tono del texto entero. Es más fácil corregir un borrador que ya suena a ti que enderezar uno que parece algo totalmente genérico.

Sustituye cada ejemplo genérico por uno propio. Cuando la IA proponga un ejemplo como «un fotógrafo puede documentar su barrio» o «una marca puede compartir su proceso creativo», cámbialo por algo que hayas hecho de verdad, con el nombre del barrio, la fecha y el dato exacto de tu propio trabajo. Un lector habitual nota antes que nada ese tipo de cambio, repetido varias veces a lo largo del texto.


Los criterios de Google

Con los datos propios reunidos y la postura decidida, el texto empieza a acercarse a lo que Google evalúa. El sistema EEAT mira el conocimiento del tema, el historial de credibilidad de quien publica y las citas que recibe de otras fuentes. Un artículo generado con IA y publicado sin revisión editorial profunda tiende a carecer de varias de esas señales. Un artículo sin ejemplos de primera mano, ni información que no esté ya en otros textos, tiene pocas razones para posicionarse por delante de los que sí los aportan.

El criterio de experiencia dentro del sistema EEAT hace referencia, en concreto, a si quien escribe ha vivido lo que describe. Un artículo sobre cómo leer la luz en la calle, escrito por alguien que lleva años fotografiando en la calle, puede dar el detalle exacto que solo da la experiencia, como el ángulo en que una fachada rebota luz a las siete de la tarde en una calle que solo conoce quien la ha fotografiado muchas veces, algo que no sale en ningún manual. Lo mismo pasa en marketing de contenidos. Un artículo sobre listas de correo que da la tasa de apertura de una newsletter propia, con su número de suscriptores, pesa más que uno que solo repite que el email marketing funciona mejor de lo que parece. Ese tipo de detalle no siempre salta a la vista, pero marca la diferencia entre un artículo genérico y uno escrito por alguien que domina el tema.


La postura editorial

Cada artículo toma postura sobre algo. Puede ser sobre cómo relacionarse con las personas que se fotografían, en el caso de la fotografía documental, o sobre qué estrategias de marketing de contenidos funcionan de verdad y cuáles solo generan ruido. Esa postura viene de haber estado en situaciones concretas y haber sacado conclusiones, a veces a base de errores.

Es habitual encontrar, en el contenido de marcas de sectores muy distintos, artículos y vídeos donde se nota que la IA ha escrito el guión, el texto y hasta ha generado la imagen, todo ello sin apenas revisión. El resultado es contenido sin carácter propio, sin opiniones que lo distingan de cualquier otro.

Una herramienta de IA tiende a producir la opinión más aceptable para el mayor número de lectores posible. Un blog se reconoce cuando afirma algo con criterio propio, aunque ese criterio no le guste a parte de los lectores.


La voz

La voz hace que un lector habitual reconozca un texto antes incluso de ver quién lo firma. Se nota en lo que decide incluir y también obviar, y en el tono que usa. Una herramienta puede imitar patrones de escritura con bastante precisión si se le dan suficientes ejemplos, pero los lectores que llevan tiempo siguiendo un blog notan cuando algo suena diferente, aunque no sepan explicar bien por qué.


Una revisión útil

Releer artículos publicados con estas preguntas ayuda a calibrar el equilibrio entre lo automatizado y lo propio:

¿Hay algún ejemplo que solo tú podrías haber dado? Si todos son genéricos y podrían aparecer en cualquier artículo del mismo tema, la capa de experiencia propia es escasa.

¿El texto toma alguna postura con la que alguien podría estar en desacuerdo? Si no hay ningún punto con el que alguien pudiera discrepar, conviene revisar si el artículo dice algo más allá de lo obvio.

¿Se reconoce quién lo escribe sin ver el nombre? Si lo pudiera haber firmado cualquier otra cuenta de la misma temática, la voz propia apenas está presente.

¿Qué parte refleja algo que has vivido o concluido tú? Si la respuesta, sin filtros, es casi nada, merece la pena revisar el proceso antes de publicar.

Infografía sobre cómo usar la IA en la creación de contenidos sin perder tu voz propia
Infografía que resume cómo utilizar la IA para la creación de contenido escrito sin perder tu voz propia.

El criterio no se automatiza

Las partes técnicas y estructurales del proceso son donde la IA ahorra más tiempo, sin tocar el fondo del contenido. La autoridad de un creador depende de tener algo concreto que decir y de decirlo con voz propia. Ese paso del proceso sigue sin poder delegarse.

¿Qué partes de tu proceso has automatizado ya, y dónde has notado que la herramienta se queda corta?


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