Análisis – Fotografía documental – Septiembre 2026
Ramón Masats empezó a fotografiar Madrid a finales de los años cincuenta. Lo hacía al margen del trabajo comercial que le daba de comer, con una implicación que iba mucho más allá de la afición. No había estudiado fotografía de manera formal en ningún sitio. Se había limitado a mirar mucho, la fotografía europea y americana que llegaba a través de libros y revistas, la de Cartier-Bresson, Brassaï o Robert Frank, y a salir a la calle con una cámara cada vez que podía.
Las fotos que sacó entre 1955 y 1965, de bares, corridas de toros, procesiones y gente por la calle, están entre las más interesantes que se han hecho en España en todo el siglo XX. Masats falleció en marzo de 2024, a los 92 años, y ese mismo año la exposición itinerante Visit Spain volvió a poner su trabajo en el centro de la conversación sobre fotografía documental española.

El contexto histórico
Para entender lo que hizo Masats y su generación, hay que situarlos en el momento en que trabajaban. En la España de finales de los cincuenta, bajo la dictadura franquista, la censura previa y posterior era implacable, y publicar dependía sobre todo de la imagen que el régimen quería dar de sí mismo, poco relacionada con criterios periodísticos o artísticos. La fotografía documental que mostraba la pobreza o la realidad cotidiana sin retoques apenas tenía espacio en los medios.
El régimen, consciente del aislamiento internacional en que vivía, había creado el Ministerio de Información y Turismo en 1951 y puesto en marcha el Plan Nacional de Turismo en 1953. El eslogan que usó para atraer visitantes extranjeros fue precisamente Visit Spain. La campaña vendía la imagen de un país soleado y acogedor, una postal calculada que ignoraba la miseria y la represión que convivían con ella.
Masats tomó ese mismo título y lo convirtió en otra cosa. Entre 1955 y 1965 recorrió España con la cámara documentando rituales tradicionales y vida cotidiana, la misma que esa propaganda quería presentar como atractivo turístico. El resultado es una visión bien distinta, la de un país atrapado en la pobreza material y en la rigidez de sus ataduras sociales y religiosas.
El libro que recoge ese trabajo, Visit Spain, publicado originalmente en 1966 y reeditado por La Fábrica hace unos años con prólogo de David Uclés, es uno de los fotolibros más importantes de la historia de la fotografía española. El título funciona como una ironía deliberada, el mismo eslogan del régimen aplicado a imágenes que desmienten la postal oficial punto por punto.
Esta operación solo era posible desde el humor y la observación oblicua, por ejemplo en la foto de un guardia civil dormitando con el fusil apoyado en la pared, que habla de la realidad de un régimen que se presentaba como orden y disciplina, o en la procesión captada en el instante en que alguien mira a la cámara con cara de aburrimiento y deja ver algo de la religiosidad impuesta desde arriba. La ironía le servía a Masats de cobertura y también de método de trabajo.
Masats era consciente de ello. En varias entrevistas a lo largo de los años explicó que el humor era para él una forma de mirar. En la calle buscaba el instante en que la escena oficial o solemne se contradecía a sí misma, y reconocerlo exigía conocer muy bien el país que fotografiaba.

La AFAL y las redes que lo hacen posible
El humor que aparece en sus fotos nace de cómo se apostaba en un sitio y esperaba, dejando pasar el tiempo suficiente para que la escena mostrara algo que no estaba ahí cuando llegó. La gente se relajaba y las situaciones iban evolucionando, hasta que llegaba el instante en que algo solemne se volvía humano, o directamente absurdo. Ese método, que parece sencillo de contar, exige una paciencia que la mayoría de los fotógrafos no se permite.
Su libro Neutral Corner (1962), sobre el mundo del boxeo en España, aplica ese mismo método a un ambiente distinto, con la cámara puesta en los tiempos muertos, en el púgil que espera en el vestuario antes de salir o en el entrenador que da instrucciones con cara de resignación. Son fotos de un boxeo alejado del glamour que solía rodear al deporte en la prensa de la época, y que solo se consiguen cuando el fotógrafo lleva el tiempo suficiente en el sitio como para volverse invisible.
Más tarde publicaría Los Sanfermines (1963), otro trabajo de observación sostenida sobre las fiestas de Pamplona, y colaboraría con Miguel Delibes en Viejas Historias de Castilla la Vieja (1964), donde fotografía y texto funcionan como una sola pieza documental.
Cómo trabajaba Masats
El humor que aparece en las fotos de Masats tiene su origen en cómo se apostaba en un sitio y esperaba. Se quedaba el tiempo suficiente para que la escena evolucionara y la gente se relajara. En algún momento la solemnidad cedía y algo se volvía de repente absurdo o simplemente ridículo.
Su libro Neutral Corner (1962), sobre el mundo del boxeo en España, muestra esa misma manera de trabajar en un entorno diferente. Las imágenes más memorables son las de los tiempos muertos. Un púgil en el vestuario antes de salir, el entrenador dando instrucciones con cara de resignación. Son imágenes de un boxeo bastante alejado del glamour que solía rodear al deporte en la prensa de la época.
Más tarde publicaría Los Sanfermines (1963), otro trabajo de observación sostenida sobre las fiestas de Pamplona, y colaboraría con Miguel Delibes en Viejas Historias de Castilla la Vieja (1964), donde fotografía y texto funcionan como una sola pieza documental.

Cómo aplicar el método de Masats a tu propia fotografía documental
El método de Masats es sobre todo una cuestión de paciencia y de atención, algo que puedes entrenar la próxima vez que salgas con la cámara, ya sea a la calle o a un sitio cerrado.
Quédate más tiempo del que te parece necesario. La primera foto que haces en un sitio casi nunca es la más interesante. Espera a que la gente deje de mirar a la cámara y vuelva a lo suyo. Ese es el momento en que la escena empieza a decir algo por sí sola.
Busca el punto en que lo solemne se vuelve cotidiano. Una procesión o un acto oficial, cualquier situación con cierta pompa, suele tener una grieta si esperas lo suficiente, un bostezo o una mirada que se despista un segundo del guion previsto.
Aplica la misma paciencia si creas contenido en redes. El equivalente de esperar en la calle es no publicar la primera versión de una idea. Si grabas un vídeo o preparas un carrete para Instagram, deja reposar el material en bruto varios días antes de montarlo. Con algo de distancia se nota mejor qué parte cuenta algo verdaderamente y cuál es solo relleno.

Ontañón y Maspons
Francisco Ontañón tiene menos visibilidad que Masats, en parte porque su trabajo durante décadas estuvo mezclado con el periodismo de revistas y el diseño gráfico. Pasó por la AFAL y por La Palangana, y formó parte del equipo de La Codorniz y más tarde de Triunfo, dos publicaciones que conseguían colar cierta crítica disfrazada de humor o de reportaje cultural. Años de trabajo en redacciones le dejaron una composición pensada para convivir con texto y una ironía gráfica que conecta con las revistas ilustradas europeas de la época.
Oriol Maspons trabajaba desde Barcelona con un registro más cercano a la fotografía francesa, con especial atención a cómo se construye la confianza entre fotógrafo y sujeto. En 1962 publicó junto a Julio Ubiña Toreo de Salón, dentro de la colección «Palabra e Imagen» de la editorial Lumen, con textos de Camilo José Cela. El libro documenta la práctica del toreo en casas particulares y corrales privados, un mundo muy cerrado que Maspons consiguió fotografiar desde dentro. En sus imágenes nadie parece estar actuando para la cámara. Maspons había pasado meses en ese entorno antes de sacar ninguna foto, el tiempo suficiente para que su presencia dejara de ser un factor.
Si quieres ver el trabajo de Masats, el punto de entrada más accesible es Visit Spain, reeditado por La Fábrica y disponible en su tienda y en librerías especializadas. Neutral Corner, también en La Fábrica, completa bien la imagen de su método. Para Maspons, Toreo de Salón no queda otro remedio que buscarlo en librerías de segunda mano. Los archivos digitalizados de Triunfo, donde publicó Ontañón durante años, están disponibles en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

¿Conocías a alguno de los tres? ¿Hay algún fotógrafo español de esa generación que creas que merece más atención de la que tiene?
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